He vuelto a soñar.
Arrebujado en mi manta bajo un
firmamento salpicado de brillantes y lejanas islas de luz, dejó, una vez más, que
invadan mis recuerdos, salados como las lágrimas que derramé. Los hechos,
aunque inevitables, no dejan de atormentar mi alma cansada. Cierto es que me
enfrenté a ellos sin más arma que mis sentimientos. Quizá equivocados, pero
sinceros. Ahora, igual que en su día, forman una barrera, una especie de inexpugnable
fortaleza que no soy capaz de tomar. El futuro se ha tornado en presente y aquí
sigo. Varado como un velero al que le sorprendió la tormenta. He mirado en mi
interior en busca del candado que cierre de una vez por todas la caja de
Pandora que agita mi mente cual bandera al viento. No hallo consuelo a mi
desesperación. Viajo al norte, siguiendo su luz. Me arropa un consuelo pasajero
cada vez que sus ojos se asoman por mi ventana. Sé que estoy lejos de sus
caricias, incluso así anhelo una nueva visita. Una fugaz mirada que me infunde
valor para seguir en esta camino pedregoso por el que transito sin más pretensión
que ser digno de su afecto. Me he sumergido en las profundidades de las
palabras para encontrarme su rostro en ellas. Su canto se ha grabado en mi piel
como un tatuaje tribal, acogiéndome como uno más. Sin embargo, yo egoísta,
aspiro a más. Quiero vencer los obstáculos que me impiden ver el futuro como un
nuevo horizonte. Un lugar donde de su calor me proteja del frío. Un lugar donde
su sabiduría sea una guía hacia ese estado del que me he privado durante
demasiado tiempo. Un lugar donde alguien como yo pueda...
Me
despierto con el sol hiriendo mis ojos. Una nebulosa amarillenta me trae de vuelta
a la realidad, tan dolorosa como una puñalada traicionera. He vuelto a soñar con
Minue.
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