Mi Otra Vida.Epílogo.


Epílogo.











         —Me ha costado encontrarte. De no ser por Florence nunca habría dado contigo.
            —De eso se trata.
            Robertson miró alrededor suyo con la mirada impresionada por la magnificencia de la Piazza de Lla Repubblica, con las terrazas repleta de turistas. Algunos puestos ambulantes y el tiovivo dando vueltas
            —La verdad es que esto es bonito.
            —Demasiados turistas para mi gusto.
            —Supongo que debe de cansar.
            —No creo que hayas venido a hacer turismo.
            —No creas, yo también tengo mi sensibilidad. Pero tienes razón.
            Durante un instante se hace un silencio entre nosotros, que contrasta con el bullicio de la Piazza.
            —Como comprenderás no podemos dejar como están las cosas. Eso sería un feo para la Agencia.
            —Supongo. Por eso estás tú aquí.
            —Hay dos alternativas.
            —Siempre hay más. Hay más variables de las que te imaginas. En nuestro trabajo hay que estudiarlas todas y tomar la que más nos convenga en cada caso.
            —En este caso sólo hay dos viables.
            —Para la primera hay demasiados testigos. Y para la segunda estoy jubilado.
            —Quizá para agente de campo sí. Pero hay muchos otros puestos que pueden requerir de un hombre de tu experiencia. Esa experiencia que a Samantha le faltaba.
            —Puede, pero ya te he dicho que estoy jubilado a todos los efectos.
            —Y Florence, sabe la verdad.
            —Intenté decírselo hace mucho tiempo, pero no me creyó. Así que no lo he vuelto a intentar.
            —¿Vas en serio con ella?
            —No creo que sea ese un asunto prioritario para la Agencia.
            Robertson suelta una risita tonta.
            —Si Waterfall me hubiera hecho caso ahora estarías criando malvas. ¿Has vuelto a apostar? La verdad es que no me gusta mucho jugarme el dinero con unos engreídos millonarios que juegan con la ilusión de otras personas. Así que, no apuesto a los deportes, prefiero los caballos.
            —Haces bien.
            —Además con el suelto de jefe de equipo no necesito dinero extra. Quizá cuando me jubile no me lo monte también como tú, pero hay donde agarrase.
            —¿Te han dado el puesto de Waterfall?
            —Así es. Mi oferta seguirá en pie mientras esté sentado en esta mesa.
            —Permite que invite a un expresso así no habrás hecho en viaje para nada.
            —Gracias. Supongo que no hará falta que te diga que te olvides de nosotros. Aunque te pueda parecer que es ventajista por mi parte, es lo que tuvo que hacer Waterfall en su día, dejarte en paz.
            —Eso nos hubiera ahorrado muchos dolores de cabeza a todos.
            —Por eso he venido hasta aquí. No quiero vivir temiendo encontrarte de frente el día que menos me lo espere al doblar una esquina. No sé si me explico.
            —En eso estamos los dos en el mismo barco.
            —Tienes mi palabra de que si te quedas aquí y disfrutas de tu jubilación no tendrás ningún problema. Y eso también es extendible para Florence.
            —Un detalle por tu parte.
            —No tengo nada personal contra ti, y menos contra ella.
            Por un momento pienso que no me sería difícil atar este detalle suelto, pero no quiero empezar mi otra vida con las manos manchadas.
            —Bien, ya que han quedado las posturas claras, dejaré que disfrutes del café. Cuídate.
            Me levanto de la mesa ando tres pasos y me giro hacia Robertson.
            —Da recuerdos de mi parte a Sally y a las niñas.      
                           


Comentarios