Delirios antes de dormir.
—Ya sé que te había prometido no
hacerlo más. Pero es algo que me sale sin querer. Es algo superior a mí.
Además, sabes que es mi única manera de estar ahí. Si hubiera otra manera,
haría todo lo que estuviera en mi mano —digo.
—Es que no hay otra manera.
Simplemente tienes que dejar de hacerlo. Ya sé que es muy difícil. Requiere
mucho esfuerzo. Puede que tú no estés dispuesto a ello. Nunca lo has estado. Te
conozco bien —me respondo a mí mismo.
—¿Qué me sugieres?
—Que lo dejes.
—No puedes hablar en serio.
—Ya hemos estado en situaciones
parecidas. Incluso más complicadas.
—Pero es que a mí…
—Lo sé. A mí también me duele. Pero
es un tren al que nunca subiremos por mucho que te empeñes.
—Sé que en el fondo tienes razón.
Sin embargo, no puedo evitarlo. Me da la vida, aunque algunas veces pueda
parecer lo contrario.
—Eso haberlo pensado antes. No estoy
dispuesto a cargar con tus desvaríos. Te dejas llevar por la corriente porque
es más fácil que luchar contra ello. Eres un cobarde. Te engañas a ti mismo.
Pero a mí no puedes. Nunca podrás. Yo soy más, mucho más que tú.
—Quiero que me dejes en paz. Quiero…
no sé lo que quiero.
—Por eso estoy aquí.
—¿Alguna vez será como antes?
—No.
—Lo sé.
—Sabes que puedes contar conmigo,
¿verdad?
—Por supuesto.
—Entonces deja de hacer el imbécil.
Hazlo por los dos.
—Lo intentaré.
Me doy la vuelta e intento dormir
antes de que me reclame otra vez.
Comentarios
Publicar un comentario