Melodía en la Noche


Melodía en la Noche

            La noche se extiende entre los tejados como una alfombra oscura atrapando todos los sonidos que durante el día marcaban el ritmo de la ciudad; La letanía de los vendedores en el mercado. El griterío de los marineros mezclado con el empuje del mar rompiendo en el malecón del puerto. El repiqueteo de los cascos de los caballos en las avenidas empedradas. Todo, ahora, absorbido por la quietud de la noche. A través de las ventanas más altas puedo ver como las sombras danzan en las paredes al ritmo de las velas, formando figuras espectrales de cotidianidad. Avanzó por las callejuelas amparándome en las sombras, pues ya se sabe que en cualquier esquina puede aguardarte una sorpresa desagradable. A pesar de la precaución, aprieto el paso pues no quiero llegar tarde. Me llegan voces amortiguadas, susurradas, desde el otro soportal. Por unos instantes detengo mi camino, adentrándome en la oscuridad. Aguardo a que las voces se apaguen en la distancia para reanudar la marcha. En mi cabeza sólo bulle una única idea; llegar a tiempo para el espectáculo al que no he sido invitado. Cruzo el puente tendido sobre el río. Una mancha negruzca que fluye cantarina y en calma sobre el reflejo plateado de la luna. Al poco tiempo me encuentro en la otra parte de la ciudad, donde los sueños viven en mansiones majestuosas, delimitadas por verjas altas, labradas con primorosa exquisitez. Me oculto entre la exuberancia de los jardines que embellecen esta parte de la ciudad de los soldados, en ocasiones más pendencieros que los ladronzuelos que habitan al otro lado del río. Una vez pasan de largo, reanudo la marcha con la certeza de estar cada vez más cerca del lugar a donde me encamino. Recorro las calles acompañado de una sensación extraña que brota desde lo más hondo de mi ser. Una alegría desmedida, incontrolable que me hace intuir lo cerca que debo de estar de ella. Vislumbro su silueta encaramada a uno de los aleros del tejado contra un fondo de diminutas y brillantes estrellas. Desearía poder acercarme a ella, pero temo romper el conjuro y que ella se desvanezca como el humo. De su viola surge una melodía suave que desgarra la noche. Durante unos pocos instantes me deleito con su música. Sé que la magia no es suficiente para retenerla. Así que con el mismo sigilo que me ha llevado hasta allí, vuelvo al lugar al que pertenezco lejos de ella, anhelando volver a reencontrarnos cuando la noche lo envuelva todo, una vez más. De momento guardaré su imagen en mi memoria, mientras mi corazón suspira por su amor inalcanzable.   
  

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