No esto no es un texto literario en sí, pero me permito
dar mi opinión sobre lo sucedido:
El domingo pasado el jugador del
Alavés, Álvaro Medrán, después de llevar varios meses lesionado, reapareció con
la fortuna de hacer el tercer gol para su equipo. Al ser preguntado por los periodistas,
el muchacho de veinticuatro años se echó a llorar. Hasta ahí todo normal. Pero fue
en el programa nocturno de la cadena Cope, conducido por Juanma Castaño se
dijo; qué dura es la vida de un futbolista. Ante tal afirmación, los oyentes, a
través de las redes sociales mostraron su desacuerdo con el periodista. A lo que Castaño replicó con una serie de
tópicos muy manidos.
Vamos por partes. En primer lugar,
estamos hablado de fútbol. No estamos hablando de gente que salva vidas, que no
deja de ser otro tópico. Pero mi favorito es; el fútbol no hace inteligente a
nadie. Pues bien, si hay algo que haga más inteligente a las personas, creo que
deberían repartirlo entre el 95 por ciento de los jugadores fútbol, el 90 por
ciento de los deportistas de élite, e indudablemente entre el 100 por cien de
nuestros políticos, pero eso es otra historia como dijo aquel.
Álvaro Medrán tuvo una fractura de
peroné, en diciembre, si la información de los diarios deportivos es correcta,
y a finales de abril del presente años reaparece, son cuatro meses escasos. Con
toda seguridad, el bueno de Álvaro habrá tenido que trabajar duro. Lo sé porque
yo me fracturé la tibia y el peroné. Y aquí es donde empieza realmente mi
cabreo con esta afirmación; qué dura es la vida de futbolista.
Yo tuve que esperar veinte días a
ser operado, porque los médicos estaban de vacaciones; Semana Santa. A él lo meterían
en el quirófano en uno o dos días. Ellos pagan seguros. Seguros que los
mortales no podemos pagar. Por su puesto que no todos los jugadores posen una
colección de deportivos de lujo, pero tampoco pasan doce horas por un salario
irrisorio como ocurre en muchas profesiones. Ninguno de ellos cobra por jugar
al fútbol, sino por entrenar, ya que, excepto dos o tres jugadores de cada
plantilla, que tienen el puesto asegurado los demás sólo pueden ganarse el puesto.
Es decir que, por un par de horas al día les pagan, lo que nosotros vamos a ganar
en un mes, o en un año, o ni en toda nuestra vida.
Pero
como los pobres ganan poco dinero, ahí están, por ejemplo, las marcas de automóviles
para regalarles coches, que solo usan para ir al estadio los días de partido…
aunque hay otros que, ni siquiera lo hacen, no vaya a ser que les salga
urticaria por no coger el Ferrari.
Quiero dejar bien claro que yo soy
muy aficionado al fútbol… o más bien lo era, cada vez me parece un negocio para
unos pocos, y en el que cada vez se cuida menos a la parte más importante, los
aficionados.
En fin, me alegro de que Álvaro haya
vuelto a los terrenos de juego, pero, por favor no me digan que la vida de los futbolistas
es muy dura, cuando los pobres de a pie tenemos que batirnos el cobre para
poder sobrevivir.
Brutal crítica.
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