Errores.
He visitado lugares que jamás pensé llegar a
conocerlos. He trabado amistad con gentes que no dejaron huellas en mi menoría.
Y en cambio, otras, que jamás conoceré, ya que la distancia que nos separa es
sideral, en un mundo que cada vez se comprime más, levantaron gran revuelo a su
paso como una cálida brisa de verano. Conocí promesas con cuerpo de mujer que
me enloquecieron hasta embriagar mis sentidos. Y otros que, con osadía
intentaron surcar las aguas turbias del querer, y se ahogaron en el intento.
Todo, junto a los anhelos desfilando ante la pared desnuda, fría y solitaria de
mi propia mazmorra. Llegaron más promesas, esta vez en forma de esclavitud
disfrazados de trabajos. Y de nuevo a la casilla de salida.
Allí estaba él sentado, esperándome con la
risa burlona. Dispuesto a saldar viejas cuentas. Encantado de poder meter el
dedo en la herida, derramando un gran torbellino de miedos, reproches y amores
que forman la esencia de mi existencia, y que jamás he podido o no he sabido
domar. Con desesperación busco un lugar donde sentirme a salvo, libre de su
tiranía desatada. Pero cómo huir de tus propios errores.
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