¿Costumbre o Necesidad?
Desde hace más de veinte años tengo
por costumbre tomarme un café a media mañana. Es una costumbre algo infantil,
pues cuando por el motivo que sea tengo que prescindir de ello, tengo la
sensación de que todo irá mal durante el día. Así que, desde hace un año y
medio, el tiempo que llevo viviendo en Aranjuez, voy a la misma cafetería todos
los días. Es uno de esos locales con un estilo moderno, en los que por fortuna
tienes que remover el café una vez que has vertido el azucarillo, y no amasarlo
de lo fuerte que está. Hace un par de mañanas descubrí que no era una costumbre
sino una necesidad. Necesitaba encontrarme con la mirada azul de una de sus
camareras, necesitaba que nuestros mundos tan distintos, tan anónimo el uno
para el otro, se cruzaran en una breve conversación tan cordial como impersonal:
buenos días. Buenos días, ¿café? Sí por favor. Cuando pregunté por ella me
dijeron que había regresado a Polonia. Que no fue capaz de adaptarse a la vida
aquí. Que los hombres, los pocos que ha conocido en los cinco años que ha
vivido entre nosotros, se han portado fatal con ella…
Así que ahora tengo una necesidad,
salir todos los días a tomar un café a media mañana. Y también tengo una
costumbre, entrar solamente en cafeterías donde sirvan camareros porque ellos
no pueden partirme el corazón como hizo ella.
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