Una amiga para el fin del Mundo.


Una amiga para el fin del Mundo.


                        En señor Norris llevó su cansado y viejo cuerpo hasta la ventana. Aún quedaban cinco minutos para que comenzara el espectáculo, eso si los agoreros de la televisión habían hecho bien el cálculo. Según las previsiones, primero unos pequeños meteoritos surcarían los cielos, impactando en aquí y allá a la espera del choque final.
            Será como es las películas; había dicho el informador antes de despedirse de los televidentes por última vez.  Segundos después, la pantalla del televisor se quedó en negro.
            Algo que extrañó al señor Norris es que no había gente corriendo, ni coches atascando las a venidas. No. Todo era calma y expectación. Quizá gracias a esas películas, donde la Tierra sucumbe, se habían hecho a la idea de que su final estaba cercano, hicieran lo que hicieran. Era mejor pasar las últimas horas, quizá días con la gente que significó algo para ellos, que intentado, sin éxito, buscar un refugio que no existía.
            El señor Norris, por fin vio pasar el primer meteorito. Calculó que se estrellaría a unos cien kilómetros de allí. Un por instante pensó en todas las vidas que el impacto se llevaría, y las siguientes producto de la explosión. Después de los tres primeros comprendió que no tenía sentido a penarse por todos ellos, puesto que tal vez el siguiente sería él mismo. Prefirió que sus pensamientos volaran.
            Volaron esta ella.
            Se preguntó dónde estaría, y con quién.
            Se acordó de la insignificante cicatriz que cuarteaba su sonrisa. Del color miel de sus ojos, y de sus cabellos dorados como el trigo.
            Se preguntó; qué importancia puede llegar a tener una persona en la vida de otra. Cuánto se puede influir en ella sin proponértelo. Quizá esas cuestiones, ahora, con la muerte tan cercana, carecían de sentido. O quizá, precisamente por tener a la muerte tan cercana, tenían una vigencia vital.
            Se preguntó; si él había llegado a influir en alguien de la misma manera que lo hizo ella en su vida. En una manera positiva. Prender la mecha de un estado superior, de una idea que se concreta, y que antes estuvo vagando por la mente sin querer posarse en el lugar que corresponde.
            Había algo mágico en ello. Llegó a la conclusión; de que todos deberíamos haber sentido ese impulso maravilloso que nos hace mejor de lo que nosotros mismo nos creemos. Nos hacía mejores personas.
 Por eso, le gustaría que su último pensamiento fuera para ella.
            Para su amiga, donde quisiera que estuviera.
            La Tierra dejó de existir…


Comentarios