Hoy, que es tu día.


Hoy, que es tu día.

Las lágrimas derramadas, y el tiempo tan implacable como pocas cosas, han borrado casi por completo la honda huella que dejaste en mí. Mas en días como hoy, que es tu día, palpitan de nuevo con fuerza.
 Otros labios me besaron. Otras manos de acariciaron, pero jamás fui capaz de olvidar aquellas noches en las que nos entregamos en uno al otro sin condiciones. Sobrevoló la felicidad sobre nuestras cabezas, y dejamos que se marchara porque es un ave migratoria siempre dispuesta a buscar otros climas más cálidos.
            En el jardín de mi alma crecieron reproches como la mala hierba, que mi insensata madurez ha ido podando con esa lentitud exasperable con la que los días se van sucediendo. Días grises que ensombrecen una existencia solitaria, y que, gracias al poder de un garabato risueño con alma de ruiseñor logra pintar de colores.
            Me pregunto hoy, que es tu día, dónde te hallarás. Me pregunto hoy, que es tu día, si mi recuerdo te visita en tus horas bajas. Me preguntó hoy, que es tu día, si se puede recordar a alguien que ya has olvidado.
             
                   
             

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