‹‹¿Qué es el arte? En palabras de Woody
Allen; un hombre vomitando, porque siempre puede haber otro dispuesto a
considerarlo arte. Pero hoy no hemos venido aquí para hablar de ese tipo de
arte. Del que cuelga de las paredes de un museo, del que se ve sobre las tablas
de un teatro, del que se escucha en un auditorio, o del que se disfruta con una
buena lectura. Hoy nos hemos reunido para ensalzar algo tan sencillo como el
arte de enseñar. Permítanme que les cuente una pequeña anécdota que, refleja a
la perfección, la naturaleza del hombre al que hoy rendimos tan merecido
homenaje; don Plácido. Tendría yo siete u ocho años, no lo recuerdo bien. El
caso es que mis cincos se parecían más al símbolo que luce el Hombre de Acero
en su pecho que al número que todos ustedes aprendieron a escribir con esa edad.
Para mí nunca las matemáticas han sido un problema. Todo lo contrario. Gracias
a ellas me gano la vida. Mi problema, simplemente, eran los cincos. Suspendía
los exámenes porque la profesora confundía mis números. Una mañana, don Plácido
apareció, en clase de ciencias naturales con un cargamento de cajas de lápices
de colores. Las dejó sobre su mesa y llamó a Raquel, una de las alumnas estrella
de nuestra clase. Le pidió que sacara todos los lápices de color rojo, y que
los sumara. El resultado fue de ocho. Uno por cada caja. Serías tan amable de escribir
un ocho en la pizarra, dijo don Plácido. Raquel escribió el número de manera
primorosa. El proceso se repitió hasta que sólo quedó el cinco por escribir. No
me sorprendí cuando me llamó al encerado, aunque por supuesto, estaba nervioso.
Tendría que escribir un cinco bien grande en su hueco correspondiente. Me hizo
coger todos los lápices y después de una serie de sumas y restas, don Plácido
me preguntó; ¿de qué color son los lápices que tienes? Azul. Azul cielo,
respondí. ¿Y cuánto suman esos lápices de color azul cielo? Cinco. Bien, dijo
él, escribe un cinco. Allí estaba yo, dispuesto a escribir el mejor cinco jamás
escrito. Eso no sé qué es, dijo don Plácido, pero un cinco desde luego que no.
Bórralo y escríbelo de nuevo. Eso, tampoco es un cinco. Repítelo otra vez. Y
así lo hice. Verás cómo se hace; primero pintas un hombre tumbado, después un
hombre de pie, y por último una barriga. ¿Lo ves?, ahora tú. Me hizo escribir
toda la pizarra de cincos. Si hubiera un concurso de cincos, gracias a don
Plácido, lo ganaría de calle. Fue el único curso que coincidí con él.
Enseñar no es simplemente transmitir una
serie de conocimientos, o quizá sí. Pero él iba mucho más lejos. Intentaba que
sus alumnos se interesaran por aquello que estaban aprendiendo. Ya fuera la
caída del imperio romano, o la sutileza de los trazos de la mano de Velázquez,
o la armonía de una composición musical. Estoy seguro de que; durante toda su
vida como docente, se preocupó de que las miradas de sus alumnos fueran un paso
más allá. Puede que hoy día, en los tiempos de la tecnología, sea más difícil
hacer que los jóvenes se interesen por algo que ven tan lejano, e incluso
ajeno. Pero a buen seguro que lo consiguió. Quizá muchos de los que están ahí
sentados, al igual que yo, seamos deudores de esta manera de entender el arte
de enseñar. Por eso espero y deseo que, con la jubilación de don Plácido, esta
manera de entender la enseñanza no desaparezca. Sólo me resta agradecer una vez
más al centro por haber permitido este pequeño homenaje››.
Después de leerlo, Emma dejó caer el papel
sobre el escritorio.
—¿Qué te parece? —le pregunté.
—Es un buen discurso para un profesor que
se jubila. Además, viniendo de ti seguro que le hará ilusión.
En la sala de actos de la escuela no cabía
ni un alfiler. La verdad es que yo también estaba tan emocionado de estar allí
que, al subir al estrado sentí un nudo en la garganta. Tuve que aclarármela
antes de poder hablar.
—Gracias a todos por haber venido. También
quiero agradecer al centro por darme la oportunidad de homenajear como se
merece a un hombre que ha sido tan importante en mi vida. Y sobre todo, a ti,
papá por enseñarme a escribir cincos, y por encender en mí, durante todos estos
años, la llama del conocimiento y la curiosidad. Gracias. ¿Qué es el arte?
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